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El Documentalista Audaz se complace en tomar el relevo de los compañeros que han comenzado esta saga literaria en audaz iniciativa del colega Iulius de Bibliotecosas y por ende aportamos en este capítulo nuestro granito de arena para tan noble obra de Charles Nodier; cuanto menos curiosa y donde se desvela efectivamente, su condición de precursor del romanticismo francés más puro.
Pero antes de empezar con el relato, debo advertir que debido a la onoriscencia que despierta el pasaje, he decidido ilustrarlo (espero con acierto y para gusto de los lectores). Espero que disfrutéis con su lectura, pues no deja de presentar misterios, ¿acaso como los demonios de la noche?...
Presentación del Libro Francisco Columna Francisco Columna I Francisco Columna II Francisco Columna III Francisco Columna IV Francisco Columna V
Parte VI "Francisco Columna"


La Basílica de San Marcos con la luz del amanecer en la plaza a la que da nombre en aquesta bella ciudad.

Canales de Treviso, bella villa de la región de Bréscia.
Polia de los Poli, de quien acabamos de hablar, vivía en el palacio de Pisani porque su prima la había convidado a pasar allí las alegres semanas del Carnaval. Contaba ocho años menos que Leonora, era aún más hermosa que ésta, y, como tantas otras jóvenes de alto linaje, gustaba de los estudios serios y aprovechaba su residencia en la capital del mundo del saber para adelantar en conocimientos que hoy son extraños a su sexo, y el hábito de las meditaciones graves había puesto en su rostro algo de austero y de glacial que muchos tomaban por orgullo. Lo que en verdad no extrañaba a nadie, porque Polia era el último vástago de la antiquísima familia de Lelia de roma, descendiendo, por tanto, de Lelius Maurus, fundador de Treviso. Además habíala educado un padre altanero y despótico, tan celoso del esplendor de su casa o dinastía, que hubiera estimado como vergonzoso el matrimonio de Polia con el primer príncipe de Italia. Sabíase asimismo que, por los tesoros de que algún día sería dueña, igualaba su dote al de una reina. Polia otorgó a Francesco algunos testimonios de benevolencia casi afectuosa en las primeras conversaciones; después se retrajo poco a poco, hasta mostrarse casi severa, por no decir desdeñosa, y cuando Francesco dejó de visitar el palacio de Pisan élla ni aun le miraba.

El Palacio de la Ciudad de Treviso, Actual Universidad de la Fondazione Cassamarca.
Ocurría todo esto en el mes de febrero del año 1466. La primavera, tan precoz en esta bella región, había adelantado sus espléndidos dones. Polia se preparaba para volver a Treviso, y su prima menudeaba las fiestas para hacer más grata su estancia en Venecia y retrasar la partida de Polia. Se señaló un día para pasear en góndolas por el canal grande y por el brazo ancho y hondo que separa la villa soberana de las soledades del Lido. Leonora Pisan no había olvidado convidar a Francesco, con una carta en que le dirigía tan amables y sentidas quejas por su alejamiento, que el joven no vio coyuntura para desatender la invitación. Además, y como queda dicho, Polia estaba a punto de volver a Treviso, así que puede sospecharse que Francesco quería volverla a ver, aun afrontando la acostumbrada frialdad con que le acogía, porque se persuadía cada vez más que cambio tan brusco y extremado, aquella mudanza caprichosa, debería tener alguna causa que no fuese el odio.

El Gran Canal de Venecia en Primavera según Canaletto.

El Gran Canal de Venecia en la actualidad.
Y se encontró a la hora fijada para la reunión en la escalinata del palacio de Pisan, de donde saldrían las góndolas. Las damas, enmascaradas todas y cubriendo sus cuerpos con dominós iguales, salieron en tropel al vestíbulo a la señal convenida para elegir, según era uso y con la decorosa familiaridad que autorizaba el disfraz, el compañero que las agradase más para el paseo. Esta manera de hacer, más graciosa y hasta mejor entendida que la de nuestros bailes y tertulias, tiene también menos riesgos, porque las mujeres nunca cuidan tanto de su buena reputación como en las ocasiones rarísimas en que esta reputación depende de ellas mismas. Francesco esperaba inmóvil, mirando al suelo, a que alguna dama se acordase de él cuando una mano lindísima le cogió del brazo. Recibió a la desconocida con solicitud respetuosa y llena de modestia, y del brazo la condujo a una de las góndolas que esperaban a las gentiles parejas. Poco después la graciosa flotilla bogaba al ruido cadencioso de las remos sobre las aguas tranquilas, que antes parecían un espejo.

La Góndola espera cerca del Palacio de Pisan.
La dama, que se había sentado a la izquierda de Francesco, estuvo callada largo rato, cual si hubiera de reflexionar y de hacerse dueña de sí misma antes de hablar; después desató las cintas del antifaz, dejando que éste cayese sobre su espalda, y miró a Francesco con la serenidad dulce y seria que da a los espíritus el pleno dominio de sí mismos. ¡Era Polia! Estremeciese Francesco y sintió que corría por su cuerpo un escalofrío, porque, en verdad, casi no daba crédito a lo que veían sus ojos. Después inclinó la cabeza y con una mano se tapó los ojos, como temiendo cometer una profanación si miraba a Polia tan de cerca.

La dulce serenidad, dominio y dulzura de Polia.

Francesco en la nocturnidad del Romanticismo Veneciano.
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